Jesús María, noche 3: con Soledad y Palito, vino el primer lleno

Se cortaron alrededor de 12 mil tickets y representó para la organización un alivio, tras dos jornadas de marco discreto de público.

Jesús María. Durante la tercera noche festivalera, la organización respiró aliviada porque mejoró sensiblemente la venta de entradas respecto de las dos primeras noches. Por ahora y en relación al año pasado, hay una sensible retracción en la cantidad, pero queda mucho por venir y la futurología nunca funciona para con esta fiesta.

Y el primer lleno llegó durante la noche de Soledad Pastorutti, precedida por Palito Ortega -sorpresa de la edición anterior- y una variedad de actividades ecuestres que gustaron mucho al público que se llegó.

El tucumano inscripto en el registro Civil como Ramón Ortega subió al escenario pasada la 1.30 para desandar más de 15 temas de su largo y ultraconocido repertorio. No faltó uno, estuvieron todos, y el público que fue joven en la década de 1960 se divirtió a lo loco desde el arranque con Un muchacho como yo hasta el final con Yo tengo fe. En las plateas se agolparon algunas decenas de mujeres a las que el recuerdo del club del clan y de aquel Nery Nelson que quería ser rockero (el único seudónimo que tuvo Ramón antes de ser Palito) las desinhibieron totalmente. Para ellas, Palito fue la versión criolla de Elvis.

La banda, prolijamente dirigida por Lalo Franzen, sonó ajustada y se lució durante la versión de Popotitos, la versión hispana de Bonie Moronie de los Datsun’s y que también popularizaron los Teen Tops y Serú Girán.

“Estamos recordando una época, una trayectoria. Es una alegría recordarla con ustedes esta noche”, le dijo Palito a un excitado público, a poco de comenzar. Los temas fueron coreados, bailados, y disfrutados por el público del primer sábado.

Un ratito antes de las 3, con el campo de la jineteada convertido en una tribuna más, hizo su ingreso Soledad. La temperatura a esta hora, 18°, daba para poncho y para revoleo de poncho. Así era el fervor tribunero.

Lamentablemente, el ingreso de la de Arequito se vio opacado por su propio sonidista que no logró hacer que se escuchen los temas del inicio en gran parte del estadio.

“No les puedo creer que canté dos canciones y no se escuchó nada”, respondió la Sole al reclamo de los plateístas y prometiendo repetir las canciones del inicio al final del show. También pidió al público comprensión durante la presentación de su nuevo material y les explicó que para tener una larga carrera juntos era necesario no repetirse. Valiente. Hecha la aclaración, el público fue respetuoso durante la presentación de nuevos temas y de una selección de su repertorio menos complaciente, si se los compara con ediciones anteriores.

También recordó el aniversario 20 de su récord personal en este estadio cuando 33 mil personas pagaron su ticket para ver a aquel incipiente huracán de Arequito.

Con las primeras chacareras y zambas carperas, se despertaron las primeras ovaciones y sapucais. Hasta se dieron el lujo de entonar algunas zambas en forma de “lentos” en dueto con su hermana Natalia. Zamba para olvidar, en ese formato, fue un golazo. La versión de El embrujo de mi tierra estuvo entre lo mejor de la noche.

Tanto trajinar escenarios y la vida misma han puesto a Soledad en un lugar en el que el disfrute es posible y eso se logra contagiar al público. El magnetismo de la Sole sigue intacto.

Sobre el final, sus versiones de Tren del cielo y los bises con El bahiano, y una versión cumbiera de Que nadie sepa mi sufrir dejaron al público bien arriba, listos para que el DJ Fede Flores haga bailar a todos hasta el amanecer.

 

Fuente: La Voz