El secreto del éxito de Larrea: ser popular pero nunca vulgar y asumir los cambios culturales

Se recibió de locutor en 1961 y desde ese entonces siempre tuvo micrófono. Una leyenda de la radio que habla de los temas más actuales y entiende a los cambios culturales de manera brillante.

A los 79 años Héctor Larrea sigue tan vigente como cuando empezó. Todos los días hace un programa en Folklórica y los sábados se luce junto a Bobby Flores en Mirá lo que te traje.  Lleva 57 años de carrera como locutor y conductor y perdió la cuenta de la cantidad de premios que recibió.

¿Su secreto para conservar la fórmula del éxito profesional durante tanto tiempo? Aquí lo cuenta.

–¿Cómo siente usted que ha evolucionado a lo largo de tanta ruta recorrida?
–Mirá, yo creo en Dios, por definir de alguna forma la energía suprema que nos rige, y la manera práctica que encontré para interpretar la vida fue la sencillez de los Evangelios, que les hablaba a los que carecían de instrucción. A mí no se me ha dificultado entenderme con la gente, pero como no creo que sea lo mismo lenguaje popular que vulgar, nunca caí en la tentación de hablar con malas palabras y groserías, recursos siempre ofensivos. Lo que sí, supe asumir los cambios culturales. Con el mensaje de NiUnaMenos, continuar repitiendo cosas que antes sonaban a chiste o pasar algunas canciones, no me parece acertado. He cometido errores, por ejemplo mandando el tango Arrabalero: “Ahora, aunque la faje,/ purrete arrabalero,/ él sabe que lo quiere…”. Mal. No puede ser natural que un hombre le pegue a una mujer. O el otro, Tiene razón, amigazo, que señala: “Pero siempre,/ casi siempre,/ la culpa de lo que somos/ la tiene alguna mujer”. Se escuchaba naturalmente y parecía algo chiquito, cuando en realidad es una barbaridad que ya no debe repetirse.

–¿Jamás se resignará a dejar de aprender?
–Jamás. Yo hoy sigo comprando discos. Los adquiría en la época del 78 RPM, con la aparición del long play, el casete, el compacto, y los compraré como vengan. Igual en cuestión de libros. Conservo varios. Yo tuve una fortuna increíble. Cuando recién vine y necesitaba plata –porque le mandaba el sueldo de la Impositiva a mamá y subsistía con las animaciones nocturnas–, conseguí un laburito acarreando a las librerías paquetes de Editorial Talía. De tal manera entré a El Ateneo, donde conocí un montón de gente del medio e iban los escritores cada sábado a tomar café. Ahí me presentaron a Conrado Nalé Roxlo. De no saber quién era pasé a frecuentarlo. Me regalaba sus obras y aconsejaba. Un día me sugirió: “Lea mucho. Todo lo que agarre, ¡léalo!”. Qué gentil. Fue mi inicio en la cultura, ya que luego conocí a varios autores y me cultivé a través de ellos. Porque un locutor, sin que su objetivo sea dar cátedra, no puede desconocer los basamentos de la Historia ni de la Filosofía… Carrizo se refería a eso en el cuarto punto: “Desarrollar una fuerte base cultural”. Con el tiempo lo entendí e intenté cumplir.

–¿Hay algo que determinará su alejamiento del micrófono, si es que alguna vez le anunciará a “él” su adiós? Se lo consultamos dudando, porque su voz, la mayor herramienta de un conductor radial, permanece inalterable.
–”¡Hacé un año más!”, me vienen pidiendo cada temporada en Folklórica… Ocurre que los hombres mayores andan bien hasta que un día se enojan de golpe con la esposa acusándola de robarle plata, se enajenan, se les va la memoria y chau. Lo planteé a mi señora y mis amigos: “Cuando entre a hablar pavadas, me avisan”. Algunos sostienen que envejecen más personas de las que nacen y que con el tiempo superaremos el siglo de edad. ¡¿Para qué!? Va a haber más viejos en silla de ruedas que jóvenes para empujarlos (risas)… Yo, modestamente, continuaré siempre que pueda. El día que no tenga ganas, será mi último día. Pero mientras no suceda y quieran contratarme, vendré a esta radio, iré a otra que me llame o a una nueva que pongas vos y me invites a compartir.

Fuente: Infobae