El orgullo de una escuela que no para

Ubicada en una zona inundable de Cuartel V, llevan 2515 días ininterrumpidos de clases para que sus alumnos tengan siempre un lugar donde ir. Orgullosamente pública, sus profesores reivindican la organización y los valores

Lo docentes de la Escuela Técnica Nº 5 “Presidente Juan Domingo Perón”, de Cuartel V, una de laszonas más vulnerables del partido de Moreno, hace años que se dieron cuenta: cuando el afuera es peligroso, el único lugar seguro para los chicos es “adentro del aula”.

Por esta razón, el colegio no cierra sus puertas desde febrero de 2005, con asistencia perfecta de alumnos y profesores. Y así lo muestran, con orgullo, a través de un contador electrónico que señala los 2.515 días ininterrumpidos de clases, a pesar de los 120 paros realizados en la última década y las frecuentes inundaciones.

“Trabajamos con los valores. Todos los días, cuando izamos nuestras banderas, repasamos con los alumnos nuestro ideario: responsabilidad, compromiso social, solidaridad, puntualidad… Nuestros chicos saben que el lugar para estar es el aula. Muchas veces, afuera no queda nada, pero ellos saben que, pase lo que pase, la escuela los está esperando”, enfatiza Susana Cardozo, directora de la Escuela Técnica Nº 5, de Moreno.

“En Cuartel V, siempre que salimos en los medios es por muertes, asesinatos, narcos, robos, asaltos -cuenta Cardozo-. Por eso decidimos mantener la escuela abierta, permanentemente, de 7 a 22. Y lo hacemos no sólo ante los paros docente, sino también ante los frecuentes cortes en la ruta 197, o cuando se inunda y dejan de pasar los colectivos. Muchas veces los profesores y los alumnos deben caminar atravesando descampados para llegar“.

INUNDACIONES
Situada en el límite entre Derqui, Pilar y José C. Paz, casi todos los alumnos deben tomar al menos un colectivo para llegar a la escuela, pero cuando el barrio se inunda, ninguna línea pasa de la avenida Saavedra Lamas, a más de 10 cuadras, para no romper las unidades.
Esto se debe a que, aunque la calle Quirno Costa está asfaltada, no le hicieron desagües y la institución queda aislada por el anegamiento total de los accesos.

“Nos rodean todas calles de tierra y el poco asfalto que hay está roto, lo que hace que el frente de la escuela se inunde totalmente. Por eso, los profesores y las familias construimos un cantero, que funciona como barrera de contención, para que el agua no nos entre. También hicimos la parada de colectivos que está enfrente, para evitar accidentes”, cuenta Cardozo.
“Afuera nos tapa el barro y el agua estancada. Pero entrás y los pisos de porcelanato están impecables. Ese contrate se nota -sintetiza Cardozo-. Por dentro, la escuela no está dañada, no está rota, no está pintada… Termina el recreo, de 500 o 600 chicos, y no queda ni un papel en el piso. Esto es el sentido de pertenencia de nuestros chicos”.

¿COMO LO HACEN?
La institución acaba de cumplir 30 años y cuenta con una una matrícula de 1.200 alumnos, distribuidos en tres turnos. Al ser de modalidad técnica los alumnos tienen clases “normales” por la mañana o la tarde, pero deben cursar talleres a contraturno, con una dedicación de entre 6 a 14 horas extras.
Allí fabrican pintura, alcohol en gel, reparan computadoras y hasta conducen programas de radio, según hayan elegido las especializaciones en Administración y Gestión de las Organizaciones, Informática y Programación, Multimedios y Química.
“El secreto es que somos organizados. Cuando viene un profesor nuevo, termina asumiendo el mismo compromiso, porque ve los resultados -revela Cardozo-. En esta escuela se puede trabajar tranquilo, porque nos ocupamos de llevar adelante acuerdos de convivencia. Además, siempre hay un directivo presente y a los profesores no lo dejamos solos. Si hay una dificultad, se interviene en el momento”.
“Somos un equipo de trabajo que compartimos valores e ideales, que sostenemos con nuestra conducta. Esto se logra con compromiso humano, con ser coherente entre lo que decís y hacés, con amar tu profesión, porque a nosotros no nos pagan de más por no faltar -explica la directora- Nos mueve verle la cara a los alumnos, con la construcción de un vínculo diferente, desde el afecto, la atención, el esfuerzo, el hacer… Ver que se llena la escuela todos los días, que el patio está repleto cada vez que se iza la bandera, nos hace felices”.

 

Fuente: La Prensa