El hombre que descifró el universo

Stephen Hawking murió ayer a los 76 años.

Fue el científico más admirado de su tiempo, y también el más popular. Dedicó su vida a formular la gran teoría unificadora de la física. Su lucha contra una cruel enfermedad degenerativa fue un ejemplo para el mundo.

En sus últimos años, la única conexión que tenía con el mundo exterior era un nervio de unos pocos centímetros en la mejilla. Cada palabra le tomaba un minuto, pero Stephen Hawking aprovechaba el pequeño movimiento del nervio debajo del ojo derecho para pasar sus pensamientos a una computadora especial. De ese modo esforzado registró su visión del tiempo, del universo y del lugar del hombre en todo esto.

Produjo una obra maestra de ciencia popular, que guió a generaciones de entusiastas a través del esotérico mundo de las antipartículas, los quarks y la teoría cuántica. Llegó a ser un científico de una inusitada popularidad, tan conocido por su trabajo sobre cosmología y agujeros negros como por sus presentaciones televisivas.

Su fama se debió en parte a su triunfo sobre la esclerosis lateral amiotrófica, ELA, una enfermedad neurológica degenerativa que progresivamente va paralizando todos los músculos del cuerpo. Se la diagnosticaron a los 21 años y le dieron pocos años de vida.

Pero Hawking le ganó la batalla a una afección que suele ser fatal en plazo breve y vivió otros 50 años, hasta desarrollar una carrera notable que asombró a los médicos y enloqueció a sus admiradores. En 1985 un fuerte ataque de neumonía lo obligó a respirar a través de un tubo, pero tampoco entonces se dio por vencido: desde entonces debió hablar usando un sintetizador electrónico que le dio ese peculiar tono robótico que pasó a ser uno de sus sellos.

Trabajó hasta pasados los 70 años, lanzando teorías, enseñando y escribiendo Una breve historia del tiempo (publicado en 1988), una exploración accesible de la mecánica del universo que vendió 25 millones de ejemplares en todo el planeta.

Al morir ayer a los 76 años, era uno de los rostros de científicos más reconocidos de la historia moderna, a la par del de Albert Einstein, otro ícono secular de las últimas centurias.

Por tres décadas fue uno de los sucesores de Isaac Newton al ocupar la cátedra Lucasiana de Matemáticas en la Universidad de Cambridge, y en esa función Hawking se involucró en la búsqueda del gran objetivo de la física, una “teoría unificada”.

Era la teoría que iba a resolver las contradicciones entre la Teoría General de la Relatividad de Einstein, que describe las leyes de la gravedad que gobiernan el movimiento de grandes objetos como los planetas, y la Teoría de la Mecánica Cuántica, que aborda el mundo de partículas subatómicas.

COMPRENDER TODO

Para Hawking se trataba de una misión casi religiosa, rasgo singular si se tiene en cuenta que partía de una persona atea. A su juicio, encontrar la “teoría del todo” permitiría al ser humano “conocer la mente de Dios”.

“Una teoría unificada completa y coherente es apenas el primer paso: Nuestra meta es una comprensión total de los hechos a nuestro alrededor y de nuestra propia existencia”, escribió en Una breve historia del tiempo.

En los últimos años, no obstante, planteó la posibilidad de que tal vez no hubiera una teoría unificada que lo explique todo.

Después de Una breve historia del tiempo escribió El universo en una cáscara de nuez (2001), que actualizó conceptos como la supergravedad, singularidades desnudas y la posibilidad de un universo de 11 dimensiones.

Pero Hawking se hizo famoso con su trabajo teórico acerca de los agujeros negros. Convencido de que era errado decir que son tan densos que nada puede escaparle a su atracción gravitacional, demostró que los agujeros negros tienen filtraciones de luz y de otros tipos de radiación, lo que hoy se conoce como “la radiación de Hawking”.

La otra gran contribución científica de Hawking fue la cosmología, el estudio del origen y la evolución del universo. Conjuntamente con Jim Hartle, de la Universidad de California (Santa Bárbara), plantearon en 1983 que el espacio y el tiempo pueden no tener un comienzo y un final.

Cuando se le diagnosticó ELA, Hawking se deprimió. Pero al ver que sobrevivía, recuperó el ímpetu y se abocó al trabajo. En 1965 se casó con Jane Wilde y tuvieron tres hijos, Robert, Lucy y Timothy.

Enseñó en Cambridge, viajó y dio disertaciones. Parecía disfrutar de la fama. Dejó de enseñar en 2009 y aceptó una plaza como investigador del Instituto Perimeter de Física Teórica en Waterloo, Ontario.

En 1991 se divorció y se deterioró su relación con sus hijos. Su ex esposa Jane escribió una autobiografía, publicada en español con el título de La teoría del todo (que además fue llevada al cine), en la que sostenía que cuidar a Hawking por tres años la dejó totalmente agotada y vacía. También expresaba diferencias con el ateísmo militante de sus ex esposo.

Hawking se casó cuatro años después con la enfermera que lo cuidaba, Elaine Mason, y circularon rumores de que ella lo maltrataba. En el 2004 se dijo que Hawking había sufrido varias heridas, incluso una fractura de muñeca, y que la mujer lo había abandonado en un jardín en el día más caluroso del año. Hawking negó las versiones y la policía no pudo comprobar el presunto maltrato.

Lucy Hawking afirmó alguna vez que su padre tenía una exasperante “incapacidad” de aceptar que había cosas que no podía

 

Fuente: La Prensa